Monza, sábado 6 de septiembre de 2025. Ha concluido el tercer entrenamiento libre antes del Gran Premio de Italia. En el garaje de Red Bull, Max Verstappen y su equipo de ingenieros debaten sobre una modificación en la puesta a punto que el cuatro veces campeón mundial insistentemente solicita. Gianpiero Lambiase, el ingeniero de pista de Verstappen, expresa su preocupación: “Pero Max… si reducimos la carga alar atrás, se te moverá mucho el coche en la zona lenta y en las dos curvas de Lesmo.”
Max, sin dudar, responde: “Me importa un rábano. A mí quítenme toda la carga posible, quiero el alerón trasero más fino. Ustedes hagan lo que sea necesario para recuperar el equilibrio. Del resto me encargo yo.” Y así fue, con el alerón fino y casi sin carga aerodinámica, Verstappen logró la pole y el domingo humilló a los McLaren, sus principales rivales, llevándose su tercera victoria del año. Este episodio ilustra cómo los pilotos de élite pueden desafiar la lógica técnica con su instinto y experiencia.
Verstappen mostró una velocidad punta casi 8 km/h más rápida que la de los McLaren, ganando tiempo al salir de la rápida Curva Grande y dominando los momentos de pérdida de adherencia con reacciones rápidas. Este tipo de control y entendimiento del vehículo es característico de una nueva generación de pilotos que no solo son veloces, sino que también son ingenieros en su propio derecho.
Una estirpe de pilotos únicos
Max Verstappen pertenece a una estirpe de pilotos excepcionales que no solo destacan por su velocidad, sino también por la confianza en sus habilidades de manejo. Estos pilotos son capaces de integrar su destreza con ajustes precisos del automóvil, muchas veces desafiando las recomendaciones de sus ingenieros. Este grupo incluye leyendas como Niki Lauda, Alain Prost, y contemporáneos como Fernando Alonso y Carlos Sainz.
Durante años, los ingenieros han tenido que confiar en las sensaciones de los pilotos, especialmente antes de la llegada de los datos telemétricos a comienzos de los años noventa. En la era de campeones como Jackie Stewart y Niki Lauda, la comunicación entre pilotos e ingenieros se basaba más en la intuición y la experiencia personal que en datos duros. Sin embargo, en el contexto actual, los mejores pilotos son aquellos que pueden equilibrar la ciencia con el arte de la conducción.
Hoy en día, la capacidad del piloto para analizar y pedir ajustes específicos es fundamental. A pesar de la cantidad de datos que manejan los ingenieros, es el piloto quien, mediante su experiencia, puede desafiar las recomendaciones y solicitar configuraciones que optimicen su rendimiento. Esto incluye ajustes en:
- Diferenciales
- Progresividad del acelerador
- Dureza de los amortiguadores
- Intensidad de recuperación de energía
- Y más parámetros técnicos
Alonso, el mago de la sensibilidad
Fernando Alonso, tras conquistar dos campeonatos mundiales con Renault en 2005 y 2006, tuvo un paso significativo por Ferrari entre 2010 y 2015. Durante este tiempo, trabajó junto al ingeniero Andrea Stella, quien lo comparó con Michael Schumacher. Stella destacó que “Michael era un piloto atacante. Abordaba las cosas desde más allá del límite y ‘bajando’ para volver al límite. Fernando comienza por debajo del límite y sube hacia el límite.”
La habilidad de Alonso para controlar el coche y manejar situaciones difíciles, como el sobreviraje, es notable. En ocasiones, esta capacidad se convierte en una debilidad cuando, al buscar el máximo rendimiento, el piloto puede comprometer la estabilidad del vehículo. Stella recuerda que con Schumacher, la tarea de los ingenieros era controlar su tendencia a superar los límites.
Por otro lado, Alonso tiene el don de elegir la puesta a punto adecuada en momentos críticos. Su disposición a romper con protocolos establecidos por los ingenieros permite a su equipo innovar y adaptarse a las condiciones cambiantes de la carrera.
Los pilotos desafían a la ingeniería
Un ejemplo claro de la singularidad de Alonso ocurrió en el Gran Premio de Alemania 2012. Durante una calificación lluviosa, la mayoría de los pilotos optaron por neumáticos de lluvia y dieron múltiples vueltas en busca del mejor tiempo. Sin embargo, Alonso propuso un enfoque diferente: dar tres vueltas, marcar un tiempo útil, parar, cambiar neumáticos y volver a la pista. Este plan le valió la pole position, demostrando una gran confianza en su capacidad para gestionar los neumáticos.
En 2015, mientras era piloto de McLaren en un año complicado con motores Honda, su estrategia era permanecer en la pista mientras otros pilotos cambiaban neumáticos. Su ingeniero Stella dependía de la información precisa sobre el estado de sus neumáticos, y Alonso, basándose en su experiencia, sorprendió al equipo al sugerir que podía realizar un número mucho mayor de vueltas que lo habitual.
La sensibilidad emocional de los pilotos es un factor que los ingenieros no pueden cuantificar. Un piloto presionado puede experimentar un deslizamiento del eje delantero, lo que afecta su rendimiento. La habilidad de Alonso para evaluar y comunicar su experiencia al equipo es invaluable y marca la diferencia en cada carrera.
Otro ejemplo, Carlos Sainz
El piloto madrileño Carlos Sainz, que actualmente compite para Williams tras su paso por Ferrari, se ha hecho un nombre por su enfoque técnico y su ultra concentración en la dinámica del vehículo. Sainz se formó en la dinámica del automóvil de competición para mejorar su comunicación con su equipo de ingenieros. Su participación activa en el proceso de puesta a punto es notable.
En colaboración con su ingeniero principal, Gaetan Jego, Sainz influye en la puesta a punto básica para cada circuito, utilizando simuladores para probar diferentes configuraciones. Este enfoque metódico les permite anticiparse a las condiciones de carrera, como cambios en el viento o la lluvia, y preparar soluciones adecuadas con antelación.
Un ejemplo de su trabajo en equipo se vio en el reciente Gran Premio de Azerbaiyán, donde Sainz terminó en tercera posición, un resultado notable considerando que el equipo no había logrado un podio desde el GP de Bélgica de 2021.
Menos datos y más pulsaciones
La F1 ha evolucionado con la llegada de tecnologías avanzadas que permiten recopilar y analizar datos en tiempo real. Sin embargo, a menudo el factor humano sigue siendo el elemento decisivo. Durante la década de los 70, el ingeniero Mauro Forghieri de Ferrari trabajó con dos pilotos con enfoques muy diferentes: Clay Regazzoni, que era rápido pero olvidaba sus sensaciones, y Niki Lauda, quien analizaba meticulosamente sus tiempos y ajustes.
La importancia de las sensaciones del piloto se ha mantenido a pesar de la revolución tecnológica. En una carrera memorable, Alain Prost demostró su capacidad al insistir en una menor carga aerodinámica, lo que le permitió ser más eficiente con los neumáticos y ganar el GP de Brasil de 1987, mientras sus rivales sufrían paradas innecesarias.
Aunque los ingenieros tienen acceso a una abundante cantidad de datos, aún dependen en gran medida de la experiencia y las sensaciones de los pilotos. La combinación de ciencia y arte es crucial, y los mejores pilotos de hoy, como Max Verstappen y Fernando Alonso, demuestran que el instinto y la habilidad de conducción son tan importantes como cualquier dato. En última instancia, los pilotos-ingenieros son quienes llevan las carreras a un nivel de excelencia que trasciende los números.
